
Un año más, un año menos...
Cada una de estas épocas en que cumplo años me deprimen casi tanto como la víspera navideña y de año nuevo. Cada una de ellas me deprimen por razones diferentes, pero de igual manera...
Supongo que siempre me recuerdan que cada día estamos más cerca a lo que llamamos “el fin del mundo”; no me refiero precisamente a las profecías mayas ni nada parecido. Me refiero al fin del mundo de cada uno de nosotros... el día en que cada uno de nosotros le pone un fin a su mundo, o el día en que el mundo decide ponerle fin a nuestras vidas.
Ese día mágico y maravilloso en el que decidimos recordar cada uno de los momentos maravillosos de nuestras vidas, todos esos recuerdos que en su momento disfrutamos, mas no aprendimos a valorar. En el último momento de nuestras vidas es cuando decidimos valorar a cada una de las personas que nos hicieron sonreir, suspirar, secarnos las lágrimas, luchar por lo que quisimos, disfrutar cada momento.
Al final, todos estos “momentos” se resumen en esto nada más... RECUERDOS.
La razón por la que me deprime esta época es porque me hace recordar que ha pasado un año más de mi vida. 12 meses [CADA SEGUNDO CUENTA] en los que no hice nada más que dejarlos pasar así sin más... Al haber pasado todo este tiempo me doy cuenta que desperdicié demasiado del mismo. No he hecho nada más que dejarlo pasar, como si fuese aire llevando arena en el desierto.
Así, como esa arena, se van acumulando los recuerdos en mi memoria, y cada doce meses llega el fin de un mundo para darle paso a uno nuevo; dejando atrás un poco de todo, un poco de nada.
Es en esta época, al final de cada mundo mío, al llegar los doce meses de vida es cuando recuerdo cada momento de mi mundo anterior y me deprime el hecho de pensar que no hice algo tan relevante para mi vida personal. Si bien es cierto, conocí a muchas personas que son esenciales en ciertos momentos de mi vida; pero aun así, yo sola, no hice más que fracasar.
No me avergüenzo de mi edad cronológica, me avergûenza mi capacidad de soportar las situaciones de la vida.
Hace poco me estuvieron preguntando acerca de ciertas personas que alejé de mi vida por “x” o “y” razón. La única respuesta que les puedo dar es que a pesar de haber sido personas importantes en su época, al final del ciclo de vida (mi mundo de doce meses), no le aportaron mucho a la misma; me refiero a que no le aportaron nada que alguien no le haya aportado en un mundo anterior. He ahí una de las razones por las cuales las alejé de mi vida. Siempre es buen momento para conocer nuevas personas, tener momentos especiales con esas nuevas personas, conocer y aprender más con ellas. Cada día se conocen personas que pueden llegar a ser parte del mundo actual o de algún futuro mundo. Solamente aquellas personas que logren trascender más de uno de estos mundos son las que realmente necesito en mi vida, pues es con ellas que crezco como persona, como mujer, como ser humano.
Cada día, mientras más aprendo, me doy cuenta de lo poco que sé de todo y lo mucho que sé de nada.