sábado, 20 de agosto de 2016

BITÁCORA DE UNA VISITA

Recibí la llamada que partió y se llevó con ella un pedazo de mi alma.
Con un nudo en la garganta, por querer dar fuerza a la persona del otro lado del teléfono.
Resistí.
La primera vez que llegué, lo hice para sanar mi conciencia, para sentir que mi alma estaba tranquila, que mi apoyo era real. Por esa intensa necesidad de sentir que mi ser no te había abandonado, como pensaste.
Lo hice por mí.


Tus manos esposadas, tu ser privado de libertad; no lo soporté, pero continué el camino.
El brillo en tus ojos cuando me viste, la sorpresa y alegría que sentiste de saber que estaba ahí, que no te iba a abandonar, que soy tu amiga; otro nudo en la garganta y lágrimas queriendo escapar.
Resistí.
Te abracé con las pocas fuerzas que tenía, con el alma quebrantada, con el corazón que recién comenzaba a sanar de la explosión de la llamada.
Tu lamento de no poder abrazarme por estar esposado.
No resistí.
Casual, lloré.
Lloré fingiendo que no lo hacía, para darte fuerzas.
Fingiendo la fuerza que me faltaba.
Las próximas visitas, ya no eran por mí; sino por vos. Por esa amistad sincera. Por el apoyo eterno. Por tu familia.
Pasado el tiempo aprendí. LET IT GO AND MOVE ON.
Las lágrimas eventualmente, pausaron.
 
Khrizarra. Template Design By: SkinCorner