martes, 20 de marzo de 2018

NUEVA ERA

Javier, en su cuarto año de primaria, escuchaba a su maestra dictar. Recién empezaba a usar lapicero y estaba emocionado, pues siempre cometía algún error; pero esta semana tenía la esperanza de haber mejorado. Ese lapicero nuevo era su motivación. El saber que a su abuela le gustaría leer más sus apuntes en tinta, que en el carboncillo con borrones de su lápiz hexagonal 2B, como se pedía en el listado escolar a principio de año.

---...llamadas «escriben en mayúsculas:» La Niña «coma», La Pinta «coma», La Santa María. «Punto y aparte. Dejen un renglón y  continúan en la siguiente línea.»---
Mcht. Me equivoqué. Coma. Una coma.
¿Corrector? Corrector. Necesito un corrector.
-Al lado- ¿Tenés corrector? No.
-Al otro lado, misma pregunta- Negativo.
-Al frente- Negativo.
-Atrás- "Sí tengo, esperame. Sólo termino de copiar esto."-

---Terminan renglón con punto y aparte y escriben de título... ---

Pasa el tiempo. Garabatos en las orillas de la hoja mientras espera el corrector del compañero. Una pausa mental a la creatividad. "¡Qué feos tenés tus cuadernos todos manchados!" -la voz de su abuela.
[CRRGGHZH]
Una hoja arrancada.


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Las ramas se extendían poco a poco y cuando alcanzaban una altura superior a la del edificio más alto de la ciudad, más alta que la antena telefónica instalada y más alta que los postes con cables lo suficientemente tensados para darle un toque de "civilización" a las fotos del cielo en los departamentos más rurales; se extendían hacia los lados, forrados con sus hojas, sus ramas más pequeñas, sus frutos... todo se entrelazaba entre sí, como una planta enredadera aérea.

Todos los pueblos, la ciudad, el país completo tenía un nuevo celaje verde como si fuese una especie de burbuja o un laminado natural. No de los laminados transparentes que aun regalan el reflejo del Sol difuminado en un color sólido, sino de los laminados del tipo que escuchás lo que sucede fuera de ellos pero no lográs ver, ni sentir. Duro, sin perdón.
Pero era nuestra culpa. Culpa de humanos. Culpa del único trabajo en equipo que hacíamos mejor: arruinar las cosas. Destruir el mundo.

Eventualmente todo oscureció, todo se secó.
Muerto. Todo estaba muerto. Sequía pura era lo que había para nosotros. Era nuestro castigo, y ¡vaya que lo teníamos bien merecido!
No había lluvia. No había Sol. No había Luna. No habían estrellas. No habían nubes ni arcoiris.
No había cielo; ni nublado ni brillante. No habían más días soleados ni días grises.
Por un tiempo, varias generaciones no conocieron esas palabras más que como una especie de mito antiguo que les contaron los abuelos y los abuelos a ellos.
Ellos sabían que por temporadas, el grosor de ese laminado natural aumentaba.
Sus vidas eran así: días calientes, días fríos y  húmedos.
El laminado se alimentaba de la evaporación a la que la luz del Sol, que este sí recibía, ayudaba.
Nosotros, los humanitos, de nuestro fruto. Como siempre se nos dijo "cosechas lo que siembras".
Gases. Químicos. Toxicidad.

Comida natural que ya no era natural, porque el oxígeno ya no era puro.
Comida natural que ya había sido experimentada y tratada por la mano humana, haciéndola cada vez menos natural. La comida de la tierra ya no era confiable, ni conocida por ser sana, o hipster o movimiento vegano (como en mis tiempos le decían cotorreo, decía mi amiga Lenina, a pesar de que esa no hubiese sido nunca su época física. Ese era nuestro cotorreo a ella).
En los principios de esa época, la gente comenzó con paranoia ambiental intensa. Otra gente, lo tomaba como algún castigo divino, otros profesaban una bendición divina de alguna otra diosa conocida por una minoría mundial, siendo la mayoría de ellos, un grupo de ciertos rangos de edades, a quienes no tomaban en serio por sus creencias.
Estaban los indiferentes, que solamente veían los cambios pasar. No acomodados, ni incómodos; sólo estaban existiendo. Viviendo en modo automático. Como robando el poco oxígeno que quedaba en el ambiente.

La naturaleza nos dio lo que tanto queríamos. Nos habíamos dedicado tanto a crear cosas artificiales, que pudieran sustituir los recursos naturales; sin darnos cuenta que con ello, no hacíamos más que perder la inspiración a tales inventos.

No se sabe si fue alguna especie de presentimiento, de esos que tenemos los humanos cuando sentimos que algo sucede ante cierta situación; o si fue que la naturaleza misma ya tenía planeado todo esto y sólo no le quisimos prestar atención.

Nuestros antepasados nos lo advertían: el fin de una era, el comienzo de otra. La antropología y sus descubrimientos nos daban ideas de cómo sería esa nueva era; mas nosotros, los humanitos, malinterpretamos el mensaje, como siempre. Ellos lo supieron. ¿Cómo? Ellos estaban más conectados a la naturaleza de lo que nosotros en algún momento pudimos estar. La conexión de ellos era más profunda, más significativa, más real;  mientras nosotros en cambio, teníamos todos estos nuevos avances en la tecnología y gente en contra de más gente, gente en contra de animales, gente en contra de los cambios climáticos, gente en contra de todo. 

La naturaleza, en todo su poder, conoce la ley de supervivencia por época. Como una bibliotecaria conoce sus libros de cada estante, cada autor, cada obra... Todo. La conoce, la sabe interpretar. La usa a nuestro favor en nuestra "temporada" , haciéndonos creer que estamos evolucionando. Y sí, lo estamos haciendo, mientras nuestro tiempo dure. La usa también en nuestra contra cuando es hora de marcar el fin de este tiempo, de esta raza.

Eventualmente el aire ya no era respirable. El agua ya no era bebible. De la tierra ya no crecía alimento. Todo tenía un nivel elevado de flamabilidad.
Con el cese de alimento y de agua, nos vimos obligados a buscar nuestro sustento.
Todo comenzó con una ola de canibalismo. Teníamos un problema grave (moralmente hablando. Pero, ¿Quién soy yo para hablar de moral?) en cuanto a ser sociables, porque se sabía que estaba la gente que te dabas cuenta que eran los más "hambrientos"; y estaban los que usaban la técnica de León, que se hace aliado/amigo de las ovejas para luego comerlas y que no sospechen de él.
Los más pequeños eran los más fáciles de capturar en lugares con padres distraídos. Eran también los más deliciosos, por su carne suave, su sabor agridulce inconfundible y el color especial que tenían al cocinarlos.

Los países con sobrepoblación, irónicamente, fueron los primeros en sucumbir. Cada día su problema de exceso de humanos en sus límites geográficos, era menor. Lo solucionaron ellos mismos.
Adiós vecinos. Adiós tenderos. Adiós panaderos. Adiós, amigos que duermen en la calle. Adiós a todos los que conocías y no conocías. 

La desaparición de personas ya no era un crimen, sino una muestra de pura supervivencia de la raza.
Los tercermundistas eran más lentos en el proceso, pero también eran más resistentes. Eso no los salvó de comerse entre ellos como último recurso alimenticio.
Cuando quedaban ya pocos humanos en la esfera y lo poco que quedaba de agua se consumía, los volcanes se alimentaban del calor del material interno de la Tierra, que ascendía ahora, más rápido de lo acostumbrado.

No se midió el tiempo que duró esta tragedia, pues no quedaba nada. Cuando los volcanes hicieron erupción, fue un estallido inesperado, casi sincronizados todos, formando una nube de humo parecida al consecuente de una bomba atómica.

La lava efervescente se encargaba de los sobrevivientes al canibalismo que habitaban en los alrededores.  De los que estaban más lejos, se encargaron las gotas de magma, la lluvia de mini meteoros de piedra volcánica y fuego.
Incendio destructivo en el planeta, acabando con todo lo que había quedado. La piel de los seres hervía de calor, con ese color rojizo, burbujeante intenso, llagas grandes, heridas abiertas. Gritos. Gritos de auxilio, de desesperación, de tormento, tortura, dolor.
Lo único que se escuchaban en el planeta eran esos gritos y el fuego ardiente en sus pieles, sus pertenencias, su tecnología, su odio, su conformismo y su plan fallido de superviviencia.
La naturaleza nos ha ganado una vez más en el juego de evolución, purificando la faz de la Tierra y creciendo nuevamente en una versión evolucionada.
Un nuevo mundo vino. Una nueva era nació.
 
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