martes, 24 de abril de 2018

Marta, la Lombriz

Desesperada de tanta pérdida en su vida, decide no matar a nadie. Esta vez no.
Sabe y está consciente que cada una de las pérdidas y la tristeza que le había hecho sentir era su mera culpa. Nadie más. Ella misma.
Esta vez está consciente de ello.  Después de un exhaustivo autoanálisis, llegó a la conclusión de que quien debía morir era ella.
Silencio. Humo de incienso, un poco menos de marihuana y aun menos de la leña quemada de la casa de al lado, donde tienen los tamales.  Su habitación estaba inundada no sólo de sus lágrimas y papeles aventados con mocos; sino del exceso de emociones acumuladas por mucho tiempo. Emocionalmente inestable, como se llamaba a ella misma.
Cada palabra escrita le hacía recordar otro momento en el que se sentía miserable y las lágrimas brotaban nuevamente.  Lloraba en silencio, porque no quería que su intensidad molestara a nadie, ni quería que sintieran esa ola depresiva que emanaba desde hace algún tiempo.
Le hacía falta escuchar cuando decían que su sonrisa llenaba el ambiente de buena energía; y lo había escuchado recientemente, pero muy profundo en el alma sabía que era falso.  Palabras que buscaban animarla, palabras que la hacían sentir feliz momentáneamente (como todo), similar a una euforia intensa creada por un plato de cereal con leche y azúcar extra que se va con la digestión al final del día. 


INTENTO 1
Decide entonces buscar objetos cortopunzantes, buscar en internet el lugar exacto de su vena yugular para que sea un solo corte y busca un espejo para asegurarse de no cometer error.
"Sin miedo y sin dolor" se repetía en la cabeza, mientras sostenía un trozo de vidrio en su mano izquierda.
Una gota caliente de sangre cayó en uno de sus pies, haciéndola volver a sí misma.  Su mano  sangraba gracias a la fuerza con la que se había aferrado a su aliado.
INTENTO 2
Cambia el vidrio a su derecha.
...
 
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