lunes, 19 de noviembre de 2018

ESTOFADO

Lo abrazaba con tanta fuerza, que esperaba que su amor se sintiera en la nuca.
El dulce sonido de su nuca quebrarse hasta dejarlo morir.

Pasaban las semanas y nadie había escuchado noticias de él, nadie lo había visto desde esa última noche.

La cal se le echa a los muertos cuando los conservás y querés evitar que apesten.

Ella siguió los pasos cuidadosamente, uno a uno, sin que se le escapase ningún solo detalle que le pudiese adelantar el proceso de descomposición del cuerpo de su querido, quien ahora se encontraba sin vida en el suelo.



Había pasado un par de semanas en la granja de un amigo y eso le enseñó a preparar la morcilla.

Teniendo el cuerpo sin sangre, llenó el lugar que ya tenía preparado con cal, como si estuviese haciendo un envuelto en huevo perfecto, sin dejar una sola área sin cubrir, esperando que el olor no fuese atractivo para los insectos necrófagos.

La pequeña habitación donde yacía tendido el cuerpo de su amado, día a día recibía la visita de la pequeña, quien con un cuchillo de chef de 22 centímetros cortaba trozos de sus extremidades.

Procuraba remover partes grandes para que el hecho de tener un cadáver en su casa, fuese lo más breve posible.

El cuerpo tenía ya unas libras menos. La descomposición daba indicios de querer hacer efecto en sus ojos hundidos, en su cara putrefacta y en su boca sin sabor.

Su mandíbula ya era visible, su color de piel había cambiado a una tonalidad un poco más oscura.

Ella documentaba el proceso diario en sus notas mentales, recordando todos los detalles del cuerpo según los días que habían transitado desde el ataque.

Una mezcla de alcohol con cloro le esperaba al esqueleto, listo para destruir cualquier tipo de evidencia restante.

La cocina especial del comedor M&M había terminado con su especial de la semana: carne [humana] en estofado.



 
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