Largo el camino que recorremos mientras me
aprovecho de tu falta de control sobre el mismo camino y sobre mí.
Acariciando tu cuerpo, besando hasta la última
pieza de ti, hasta el último tatuaje, hasta llegar a tu desnudez.
Sudor, gemidos, vino, un puro y música era lo que
hacía el momento perfecto.
------Cada kilómetro recorrido era un juego nuevo
de coqueteo intenso entre ambos.
Ella lo esperaba con ansias desde siempre, cada vez
que lo veía caminar frente a ella, cuando lo veía sonreír, cuando lo veía con
gorra y sin ella. Su mirada, su frescura, su mente, su cabello… todo en él era
fantástico para ella, todo en un solo cuerpo y todo en una mente amplia. Ella
lo deseaba con todas las ganas que jamás había sentido.
Su cuerpo le pedía tenerlo, sentirlo y unirse a él
físicamente.
------Empezaron haciendo planes para una salida de conocidos,
de compañeros, de amigos.
Ella no sabía lo mucho que él deseaba tenerla desde
hace algún tiempo.
Él quería estar dentro de ella, quería darle placer
y quería que ella pidiera más.
Íbamos con la ansiedad interna de poder estar el
uno con el otro, mientras imaginábamos una infinidad de fantasías que
esperábamos se cumplieran esa tarde.
Finalmente él le pidió con una voz suave, traviesa
y tentadora: “besame”.
Ella no se pudo resistir y besó sus labios; sin
importarle el camino, ni la gente, ni el tráfico, ni los semáforos en rojo.
Mientras más lo besaba y él conducía, la temperatura interna en ambos cuerpos era
mayor. Ella sintió cómo poco a poco se excitaba, y hacía que él se excitara junto
con ella, para tenerlo erecto y finalmente poder tenerlo dentro de su cuerpo
*su deseo más fuerte en ese momento*.
Con sus manos acarició suavemente (para no
asustarlo) su abdomen, sus piernas y su entrepierna. Bajó los tirantes que
sostenían sus pantaloncillos beige y desabotonó la camisa a cuadros que llevaba
puesta. Observó su pecho, lo besó y recorrió con su lengua el camino que ella
misma hizo hasta llegar al botón de su pantalón. Haciendo un suave masaje en
sus piernas, llegó hasta él y lo quitó del camino, como si fuese un estorbo
colocado a propósito para hacer las cosas a su tiempo indicado.
Poco a poco
introdujo su mano en su pantalón, sintiendo su bóxer… sintiendo su piel.
Él por su parte, cada vez que podía y que había
semáforo en rojo, acariciaba las piernas de ella haciendo que sintiera un mar
de fuego en todo su cuerpo.
La orilla de su falda corta era un placer para él;
por saber que donde ésta empezaba, era donde terminaban sus medias de encaje.
Subió un poco más la mano llegando a la
entrepierna. Sintió más encaje y un par de ligueros que sostenían las medias pensados
en lograr más excitación en él.
Al mismo tiempo en que ella lo sentía erecto y
grande, él la sentía mojada y lista.
Maravillas hacían sus dedos en ella. Gemidos salían
de sus labios. Sus piernas querían tenerlo en medio, quería que sus piernas
largas con medias pudieran enredar el cuerpo de quien conducía el auto y su
excitación.
Ella bajó un poco más y abrió el zipper, bajó el
bóxer y lo besó nuevamente. Con su lengua lo saludó en la cabeza. “Nos vemos
nuevamente” fueron sus palabras.
Inmediatamente una gota se asomó y ella supo que ambos
estaban listos.