jueves, 1 de mayo de 2014

CAMINO LARGO

Largo el camino que recorremos mientras me aprovecho de tu falta de control sobre el mismo camino y sobre mí.
Acariciando tu cuerpo, besando hasta la última pieza de ti, hasta el último tatuaje, hasta llegar a tu desnudez.
Sudor, gemidos, vino, un puro y música era lo que hacía el momento perfecto.

------Cada kilómetro recorrido era un juego nuevo de coqueteo intenso entre ambos.

Ella lo esperaba con ansias desde siempre, cada vez que lo veía caminar frente a ella, cuando lo veía sonreír, cuando lo veía con gorra y sin ella. Su mirada, su frescura, su mente, su cabello… todo en él era fantástico para ella, todo en un solo cuerpo y todo en una mente amplia. Ella lo deseaba con todas las ganas que jamás había sentido.
Su cuerpo le pedía tenerlo, sentirlo y unirse a él físicamente.

------Empezaron haciendo planes para una salida de conocidos, de compañeros, de amigos.

Ella no sabía lo mucho que él deseaba tenerla desde hace algún tiempo.
Él quería estar dentro de ella, quería darle placer y quería que ella pidiera más.

Íbamos con la ansiedad interna de poder estar el uno con el otro, mientras imaginábamos una infinidad de fantasías que esperábamos se cumplieran esa tarde.

Finalmente él le pidió con una voz suave, traviesa y tentadora: “besame”.
Ella no se pudo resistir y besó sus labios; sin importarle el camino, ni la gente, ni el tráfico, ni los semáforos en rojo. Mientras más lo besaba y él conducía, la temperatura interna en ambos cuerpos era mayor. Ella sintió cómo poco a poco se excitaba, y hacía que él se excitara junto con ella, para tenerlo erecto y finalmente poder tenerlo dentro de su cuerpo *su deseo más fuerte en ese momento*.

Con sus manos acarició suavemente (para no asustarlo) su abdomen, sus piernas y su entrepierna. Bajó los tirantes que sostenían sus pantaloncillos beige y desabotonó la camisa a cuadros que llevaba puesta. Observó su pecho, lo besó y recorrió con su lengua el camino que ella misma hizo hasta llegar al botón de su pantalón. Haciendo un suave masaje en sus piernas, llegó hasta él y lo quitó del camino, como si fuese un estorbo colocado a propósito para hacer las cosas a su tiempo indicado.
Poco a poco  introdujo su mano en su pantalón, sintiendo su bóxer… sintiendo su piel.

Él por su parte, cada vez que podía y que había semáforo en rojo, acariciaba las piernas de ella haciendo que sintiera un mar de fuego en todo su cuerpo.
La orilla de su falda corta era un placer para él; por saber que donde ésta empezaba, era donde terminaban sus medias de encaje.
Subió un poco más la mano llegando a la entrepierna. Sintió más encaje y un par de ligueros que sostenían las medias pensados en lograr más excitación en él.

Al mismo tiempo en que ella lo sentía erecto y grande, él la sentía mojada y lista.
Maravillas hacían sus dedos en ella. Gemidos salían de sus labios. Sus piernas querían tenerlo en medio, quería que sus piernas largas con medias pudieran enredar el cuerpo de quien conducía el auto y su excitación.
Ella bajó un poco más y abrió el zipper, bajó el bóxer y lo besó nuevamente. Con su lengua lo saludó en la cabeza. “Nos vemos nuevamente” fueron sus palabras.

Inmediatamente una gota se asomó y ella supo que ambos estaban listos.









 
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